Terapia musical y James Baldwin
Agosto 23, 2010
Me levanté a las cuatro de la mañana. Hacía un calor tremendo en la habitación y tenía la garganta como el sonido de una carraca oxidada. Bebí agua, tomé una pastilla milagrosa y me asomé al balcón, como en las fiestas del pueblo que no tengo y que tanto añoro. A las cuatro de la mañana no se puede hacer casi nada, sólo leer en silencio y observar la calle.
En la página de National Public Radio, donde hace unos días había un artículo sobre James Baldwin, hay una entrevista a Brian Wilson. La leí. Primero escribiré de Baldwin y luego de Brian Wilson, todo muy breve, como un apunte anotado a las cuatro de la mañana.
A Baldwin lo conocí por una recopilación de relatos que me regaló Tana. Era una pequeña historia situada en Harlem. A los dos nos gustó mucho el relato. Yo luego seguí con Harper Lee y su único y memorable libro, y Tana profundizó en Baldwin. Así que volví de nuevo a él después y ahí estaba el escritor de Harlem, conciso y emocionante. Este otoño volveré a Baldwin.
Ahora Brian Wilson. Tiene un nuevo disco, ‘Brian Wilson Reimagines Gershwin‘.
Escribí un día que el compositor Gershwin se llamaba en realidad Jacob Gershovitz, aunque resulte irrelevante. Es lo bueno de la wikipedia, es un pozo sin fondo de información secundaria, como los periódicos pero gratis. Lo importante es que Brian Wilson lo escuchaba con cuatro años en casa de su abuela y se quedaba dormido. La grabación era ‘Rhapsody in Blue‘.
Ya escribía Kawabata que hay que crecer viendo cosas bonitas.
Anda, si tengo un blog
Agosto 15, 2010

Tengo el blog olvidado, descuidado, como las plantas de un piso cerrado durante el verano. Así estamos en este verano madrileño, con las inquietudes, las prisas de Ginger Boy (currys tailandeses a domicilio) y el sol de la Plaza de Olavide.
En estas fui padre por segunda vez. La estupenda Hana duerme y vemos Toy Story por enésima vez con Taro.
España ganó un mundial. Leí a Bolaño. Perdimos el tiempo. Me sumergí en las entrañas de la burocracia, el gran dinosaurio.
En el entretiempo desde hace años me dedico a la música electrónica y experimental, que suena mucho mejor de lo que es. Hago un buen dúo con mi ordenador. Este otoño, si todo funciona adecuadamente, colgaré en algún lado uno de los experimentos, para deleite de la hinchada musical.
De vez en cuando también leo la prensa. Aprendo una barbaridad. En el New York Times, que siempre lo cita El País porque así parece más importante, dan un dato a recordar: la persona responsable del cementerio de Washington Heights, el mayor cementerio judío de Nueva York, se llama Dominick Tarantino. Con ese nombre Jarmus hace una película.
Dov Charney, en Village Voice, declara que la época de los pantalones cortos está superada.
El Madrí ficha mucho, como siempre, y el Marca habla de triplete. Poco baloncesto y demasiado tatuaje.
La NBA está agitada y se anuncia una buena temporada. Seguiré a los Knicks por afición y a los Thunder de Oklahoma por vocación, qué equipo más divertido.
En 10 días el dulce otoño será en Nueva York. Llego a tiempo para ver el final de la temporada de béisbol. El otoño siempre es más plácido. Escribiré más en Nueva York, supongo.
Harvey Pekar
Julio 13, 2010
“OK. This guy here, he’s our man, all grown up and going nowhere. Although he’s a pretty scholarly cat, he never got much of a formal education. For the most part, he’s lived in shit neighborhoods, held shit jobs, and he’s now knee-deep into a disastrous second marriage. So, if you’re the kind of person looking for romance or escapism or some fantasy figure to save the day… guess what? You’ve got the wrong movie”.
Harvey Pekar (1939 – 2010) se presenta a sí mismo en ‘American Splendor‘ (2003).
La canción de América
Julio 8, 2010
El precioso libro “Matar a un ruiseñor” (To Kill a Mockingbird), de Harper Lee, cumple 50 años. ‘National Public Radio‘, que procuro leer cada día y siempre me sorprende con alguna historia bien cuidada, recuerda el aniversario con un breve reportaje y un título a la altura: después de cinco décadas el libro continúa siendo “la canción de América”.
Cuando se publicó, el 11 de julio de 1960, el movimiento por los derechos civiles estaba en pleno auge. En ese mundo sitúa Harper Lee la entrañable peripecia de Atticus y sus hijos Scout y Jem.
El libro es inolvidable, como las fotografías de Robert Frank. Es más que un documento histórico: es un modelo sobre la búsqueda de identidad, como dice una especialista en el artículo de NPR. Quiénes somos, cada uno de nosotros y cómo sociedad, y qué queremos ser. Supongo que se tendría que leer en la primera adolescencia y ya no se olvidaría nunca.
Podría contar la interesante biografía de Harper Lee, alérgica a los focos y la fama de las letras, otro signo de su buen criterio. Pero hoy no tengo ganas de escribir y seguro que la wikipedia lo cuenta todo, está enlazada ahí arriba. Así estoy en este día de la victoria, acompañado por el emocionante rumor de “Matar a un ruiseñor”.
Estimado lector, si no has leído el libro corre a por él. No tengo mucho más que decir.
El tiempo y la paciencia
Julio 7, 2010
En las comidas de trabajo lo importante son los debates menores. El camarero trae unos vasos con hielo hasta arriba para el café y surge una interesante conversación sobre el hielo de hoy y el de ayer. Algunos dicen que el hielo de antes era mejor, y lo argumentan. Lo realmente interesante de las comidas de trabajo son los argumentos.
También se habla mucho de fútbol y de las marcas blancas del supermercado entre Madrid y alrededores. Cada uno tiene su experiencia y unos compran las pizzas congeladas en un sitio y nunca en otro, ni se te ocurra, vamos. O las cervezas, o los insecticidas. En verano hay muchos mosquitos y hay que hablar de estas cosas.
Las comidas del trabajo dan para largos debates sobre la vida. El atún llega cubierto de soja, pero eso es un mal menor. Lo importante es el debate, el comentario, el rumor, el fin de semana en Rascafría hasta que nos vayamos todos a la playa con un sombrero de verano.
Como al Mundial le queda un suspiro vamos a tener que ponernos a trabajar hasta que llegue la hora de la piscina. A ver si empieza ya la temporada de fútbol, reclama un abogado, que son muy metódicos y sin orden en la parrilla se desconciertan. Hay pocos fichajes este verano y se nota, las comidas de trabajo son más intelectuales.
Menos mal que un compañero está leyendo un libro de frases budistas y nos da aliento para la espera: “El tiempo y la paciencia son los guerreros más importantes”. Era su frase de hoy.
Bueno, será, pero no tengo claro lo del hielo. Tengo la sensación de que siempre ha sido igual.
El entrenador nunca está contento del todo
Julio 6, 2010
Dice Del Bosque en El País que el entrenador nunca está contento del todo. Del Bosque es un entrenador melancólico. Nunca está contento del todo porque no existe el día perfecto y los partidos nunca se acaban de ganar, supongo. Del Bosque es un entrenador forjado en los filiales, la poca verdad del fútbol, y tiene otra perspectiva. La alegría es para Maradona.
La melancolía de Del Bosque es la tristeza que sigue al fin de la fiesta, al chupinazo de San Fermín, a Septiembre. Cada chupinazo es uno menos, como las horas, y sobre todo los recuerdos de los anteriores, cuando todo era mejor. Ya se sabe: lo que se perdió ya no se recupera.
Del Bosque es la dignidad del fútbol, que no anda precisamente sobrado de ella, más bien lo contrario: parece una fiesta barata de Ibiza, con luces de discoteca y música atronadora, para no pensar. El fútbol es un programa de la televisión basura con los comentaristas con la hipérbole colgada del cuello. Una tertulia política, con perdón.
El fútbol de Del Bosque es otra cosa: es la melancolía del juego infantil, la fiesta africana del Mundial, la nostalgia de vivir. La última década del Madrí se perdió porque prescindieron de Del Bosque, que sabía de dónde venía y sobre todo hacia dónde. Desde entonces estamos con el pelotazo intelectual, tan poco productivo aunque rinda tanto en los periódicos.
Del Bosque es el alma del Mundial, el antimaradona, todo histrionismo. Si España gana algo será, sobre todo, porque Del Bosque está con sus melancolías y no se pierde con la algarabía de las serpentinas y las vuvuzuelas.
El héroe de Coney Island
Julio 5, 2010
En este fin de semana tan deportivo y triunfal el verdadero campeón fue Joey “Jaws” Chestnut, un ilustre señor pegado a un estómago. Chestnut ganó por cuarta vez el concurso de perritos calientes que se celebra cada 4 de julio en Coney Island, el mundial de la disciplina: Nathan’s Famous International Hot Dog Eating Contest.
Se comió 54 perritos en 10 minutos. La proeza la retransmitió en directo la cadena ESPN, para dejar constancia del momento. Cincuenta y cuatro perritos calientes en 10 minutos: cinco perritos y medio al minuto. Un héroe.
Como la afición es tan caprichosa, de esto saben mucho los toreros y los fichajes del Madrí, el pobre Chesnut no recibió todo el cariño que merecía. Se recuperaba de la prueba y soñaba con la gloria que le esperaba cuando apareció Takeru Kobayashi, seis veces campeón, que no podía competir por alguna confusa razón que no acabo de entender.
La cuestión es que apareció Kobayashi, apodado ‘El tsunami’, dispuesto a comer perritos calientes aunque fuera como espontáneo. La afición lo reclamaba: “¡Dejadle comer, dejadle comer!”. Se lanzó al ruedo y la policía lo detuvo. Ha dormido en una celda, pero es el nuevo héroe de Coney Island, para desgracia de Chesnut.
El mundo del comedor profesional de perritos calientes es muy competitivo. Y desagradecido.
Sanchinarro y cierra España
Junio 30, 2010
Sanchinarro es uno de los apéndices que crecieron en los alrededores de Madrid durante los años de la euforia. Sigue el urbanismo de suburbio sin alma: casas de ladrillo aséptico, calles asépticas, plazas sin San Jorge matando al dragón y parques de hierba artificial, para mayor gloria de la humanidad de laboratorio.
Sanchinarro es la punta de lanza del nuevo iberismo que mata el tiempo en los centros artificiales y ve películas en tres dimensiones. El cine en tres dimensiones resulta más espectacular y nos ahorramos el argumento, que distrae, como Sanchinarro pero artístico.
En Sanchinarro hay una calle que se llama Avenida de España. Acaba en la nada, que es la esencia del barrio, entre socavones y estructuras en construcción. A mediodía parece una ciudad vacía, olvidada en el mapa. José Luis Guerín podría rodar varios documentales en estas tierras de polvo.
En la Avenida de España se podrían celebrar los éxitos de la selección de fútbol. Si gana España el Mundial, que sería una proeza como la conquista de la Antártida, el desfile de la victoria tendría que celebrarse en Sanchinarro, la cuna de las esencias de la reconquista y de la depresión, tan ibéricas.
Me imagino a Villa encima de un autobús descapotable con los colores nacionales, embutido en la bandera. Dará unos capotazos al aire. Sergio Ramos puede hacer de toro, para darle más realismo. El resto se puede emborrachar y hacer muecas a la cámara como los actores de una película muda.
Habrá confeti y guirnaldas de colores y música de ascensor, con permiso de Brian Eno. Todos cantaremos y brindaremos por el futuro de la selección, nuestro Prozac. Cuando ganen Fernando Alonso o Nadal volvemos a nuestra querida Avenida de España.
Al final de la Avenida habrá que construir un Arco del Triunfo. Se puede encargar a Ikea y lo montamos entre todos, será más divertido. En el frontal del Arco habrá un mensaje: “Sanchinarro y cierra España, en el Año de la Victoria”.
Maradona es la madre del Mundial
Junio 28, 2010
El Mundial nos trae tantas alegrías. Ya casi somos campeones de Iberia. A punto estamos de jugarnos el campeonato local y peninsular con Portugal, el primo de las comuniones y los bautizos.
Si todo progresa adecuadamente España llegará a la semifinal contra Argentina. Si no ocurre tan alegre notición volvemos a la caverna de la depresión y hasta el próximo Mundial, que lo podríamos organizar en Benidorm y así le damos un aire más nuestro.
Madrid este verano es la depresión colectiva, la calle de calor y polvo y la crónica de sucesos. Entonces pasas delante de un bar y ahí está el Mundial y Maradona, como una Venus primitiva. Maradona es el big bang del fútbol y la ilusión del futuro.
El traje le queda un poco ajustado, quizá le falta alguna talla, pero ahí está, de protagonista absoluto, su oficio verdadero. Maradona es la elegancia del fútbol y un notario de provincias. Los jugadores cuando marcan se abrazan a él como a una novia. Maradona es la madre del Mundial.
Este verano Madrid es un barrio de Buenos Aires, entre la psiquiatría y los trajes de novia caducados. Adoramos a Maradona porque es el protagonista de este Mundial ramplón y nos recuerda a nosotros mismos: protagonistas del vacío, de una serie por internet, de un blog sin lectores.
Si Maradona tiene futuro nosotros también lo tenemos, ésa es la buena noticia que nos deja el Mundla sudafricano. Yo sólo espero que gane Japón.
Estos días de sóngoro
Junio 23, 2010
En la oficina alguien interrumpe la retransmisión del partido para entregar unos papeles. “Que los deje encima de mi mesa”, responde un ocupado trabajador. “En cuanto acabe el Mundial le respondo”.
Cuando acabe el Mundial tendremos más tiempo, ahora estamos muy ocupados viendo los partidos por internet durante las horas de trabajo. El Mundial no está siendo para tanto pero siempre será mejor que trabajar, como decía Indro Montanelli del periodismo.
Estos días todo es fútbol para alegría de la hinchada y de los vendedores de vuvuzuelas, la palabra eterna. En la televisión, que cuenta tantas cosas, escucho a un ministro con la vuvuzuela y a los periodistas con la ola, o al revés, en estilo balompédico y eufórico, de ronda de penaltis. Se dan por buenas las respuestas y nuestra crisis se pasa como una traca valenciana, con preguntas que parecen alfombras de terciopelo.
La vuvuzuela está en todas partes. Ha prendido en la prensa porque la lleva muy dentro. Miren al ministro, que parece un presentador, y miren a los entrevistadores, que parecen una vuvuzuela sudafricana a golpe de hinchada y de flauta dulce inflamada. La entrevista es una fiesta de verano, las hogueras de San Juan, el bálsamo de fierabrás.
Mejor cito a Nicolás Guillén en ‘Sóngoro Cosongo’ (1931), que explica mucho mejor que yo la cuestión: “Mamatomba, serembe cuserembé”. Musical, africano y onomatopéyico, como el futuro.
Tengo que decir que los políticos en las últimas me recuerdan a Sarah Palin con una vuvuzuela. Ya se sabe: Palin es una mujer de Alaska que es a la política lo que la vuvuzuela a la prensa del corazón, la esencia de las esencias.
De nuevo cito a Guillén, que le dará un poco de aire a este texto entrecortado como las horas de trabajo por el fútbol: “Tamba, tamba, tamba, tamba”.
En resumen: el mundial continúa a lo suyo y Francia se despide para regocijo de la hinchada. Lo importante es tener algo que hacer hasta que llegue agosto.








